Leonardo Valdés se recostó en el asiento de cuero del jet privado, su mirada fija en el informe detallado que sostenía en sus manos.
Las palabras estaban perfectamente organizadas, cada línea contenía datos precisos sobre Maximiliano Valenti. Sus logros como médico, sus propiedades, sus movimientos financieros, y hasta los rumores más insignificantes sobre su vida personal estaban plasmados en ese documento. Pero lo único que resonaba en su mente era que ese hombre era el responsable de arruinar