Dolores no pudo dormir aquella noche. Daba vueltas alrededor de su cama, con el teléfono en una mano y el trozo de papel que le entregó Mara en la otra. Pensó en llamar a la policía, en contarlo todo intentando encontrar una solución menos drástica a la situación; pero seguía viendo el dolor y el miedo en el rostro de la chica.
—Buenos días. — Eran apenas las seis de la mañana cuando se decidió a llamar.
— Buenos días. — Respondió una voz somnolienta del otro lado del teléfono.
— Me discu