Las damas de honor revoloteaban por toda la casa como locas. Dairon fue desterrado al hotel del pueblo mientras la novia era acicalada con minuciosidad.
Pocas horas lo separaban del gran momento, pero en el rostro de Dairon no se adivinaba ni el menor rastro de alegría.
—¿ Estás bien amigo? —Leo puso la mano en su hombro. Dairon no contestó.
— Como padrino de bodas te he preparado una gloriosa despedida de soltero. Adivino que está esposa será la definitiva y que es mucho más estricta que la