El gran día era inminente. Ya no había lugar para más ruegos ni retrasos. Los familiares cercanos de Dairon comenzaron a descender sobre la mansión.
Lo colmaron de besos, abrazos y felicitaciones por su nueva boda. No faltó quien añadiera.
— Te mereces una buena mujer, luego de la última arpía.
Él solo sonreía, dándole la bienvenida a todos en la puerta. Creía que estaban todos cuando un coche azul descolorido se dibujó en la distancia.
De el bajó una señora bajita y canosa. Con un vestido