Mara lo pensó una y otra vez. Cargó la silla y la volvió a dejar en el suelo, pero las campanadas del viejo reloj le recordaron que el tiempo no estaba de su lado. Con toda su fuerza lanzó la silla de madera contra el cristal que se fracturó en cientos de trozos.
No quedaba nada más q pensar. Saltó por la ventana rota y echó a correr.
Pasó varios minutos corriendo a toda velocidad hasta que se vio obligada a detenerse. Tenía el aliento entrecortado. Estaba sudorosa y las piernas le temblaban,