El grito agudo que rebotó en la mansión la arrancó del sueño pesado que la envolvía.
— ¡ Felix ! — gimió sentándose en la cama con el corazón acelerado.
— ¿ Qué ha pasado? — preguntó al llegar a la puerta de la habitación del pequeño.
— Shh. — él le hizo señas llevándose el dedo índice a los labios,mientras abrazaba al niño canturreandole despacio.
Mara esperó afuera de mala gana, escuchando como el canto se desvanecía en el silencio absoluto.
— Solo ha sido un mal sueño. — le dijo en