Dominic
Llevaba a la hija de Bell en mi auto, al parecer algo había salido mal en su fiesta y ella solo quería salir huyendo. Era ya de madrugada y no era seguro para una chica como Eva. La llevé en un recorrido por toda la ciudad, sus ojos brillaban como una chiquilla de cinco años, durante todo el camino, no dijo nada y tampoco quise preguntarle, en más de una ocasión vi como una lágrima se escapaba de uno de sus ojos, pero ella la limpiaba de inmediato.
—¿Quieres que te lleve? —cuestioné