EVA
Ví como los hombres de mi padre se llevaban a Damián con un costal negro en la cabeza. Una parte de mi quería dispararle y dejarlo muerto en el suelo, pero otra parte de mi quería que sus palabras fueran verdaderas, que no era el culpable de la muerte de Aidan y sobre todo que aún me amaba.
—¿Estás bien hija? —preguntó mi madre.
—Todo está bien mamá.
—Sé que esto también te duele…
—¿Dolerme? Me alegra que al fin mi padre se haya dado cuenta de la clase de persona que es Damián. Al menos s