Hubo un jaleo general. No supe qué sucedió, pero alguien pareció dejar caer un vaso de vidrio. El sonido logró provocar más nerviosismo y pánico.
—Eres sólo una mocosa salida de la nada. ¿Por qué confiaríamos en ti?
Claro, sabía que iban a atacarme. La arrogancia de estos brujos no les permitía ver lo sencillo que era para mí predecirles.
—Entonces, según su lógica, necesitan evidencias de que lo que digo es cierto...
Todos asintieron al mismo tiempo. Estaban de acuerdo y yo estaba preparada pa