Nathan
Ver a Eleanna retorcerse por el dolor y no poder hacer nada era desesperante. Podía sentir mis manos temblar, mi lobo luchando por tener control, intentar por su cuenta sanarla. Sabía que no era posible, que no había nada que pudiera hacer, pero eso solo lo hacía peor. La impotencia me estaba carcomiendo, amenazando con derrumbarme.
Pero no podía permitirlo. Alguien debía cuidar de Eleanna y ese alguien sería yo, por más que ver su rostro sonrojado ante el dolor, sus manos crispadas y la