Sus palabras, cargadas de esa picardía que las hacía aún más peligrosas, resonaron en el aire como una verdad que ya no podía negarse. Yo no sabía bien lo que sentía por él. Todo era un caos de confusión: el calor en las mejillas, el nudo en el estómago, esa punzada aguda al imaginarle con Clara Thorne. ¿Era esto lo que se sentía? ¿Esta agitación desquiciante, esta mezcla de atracción y terror?
Pero lo que más me desconcertaba era su pregunta implícita: ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo Harry, mi am