El aire en la habitación parecía haberse espesado, cargado con el eco de su beso y la amenaza —o promesa— de sus palabras. Sus manos, firmes y grandes, aún rodeaban mi cintura, anclándome a él, a ese instante que pendía sobre un abismo entre lo que era y lo que podría ser.
—¿Y bien? —preguntó Harry, su voz un ronroneo bajo que resonaba en el escaso espacio entre nuestros cuerpos y hacía vibrar algo profundo dentro de mí—. El silencio también es una respuesta, pero prefiero oír la tuya.
Intent