El aire frío del balcón apenas lograba enfriar el fuego que tenía bajo la piel. Sabía que Harry estaba en el umbral, a solo unos metros, y esa proximidad paralizante era más sofocante que cualquier habitación cerrada. No podía girarme. No podía enfrentar lo que sus ojos pudieran estar diciendo.
Fue entonces cuando el sonido llegó, claro y peligroso, desde el interior del pasillo: la voz decidida y melodiosa de la Condesa, la madre de Harry, acompañada del suave arrastrar de sedas.
"—Harry, cari