La llegada de la carta del príncipe sumió la mansión en un silencio cargado de significados. Mientras yo sostenía el pergamino entre mis manos como un tesoro, noté cómo el rostro de mi tía se nublaba con una expresión que no supe descifrar.
—¿Una cita al atardecer? —repitió, tomando la carta con dedos que apenas temblaban—. ¿Sin chaperón? ¿Sin etiqueta? Evangeline, esto es... poco convencional.
El entusiasmo que me embargaba chocó contra el muro de su preocupación. La vi recorrer el salón con p