La mañana llegó, y con ella mis doncellas, atentas y listas para arreglarme. Aunque ignoraban lo de la carta, se percataron de inmediato de mi estado de ánimo.
—¡La señorita está de muy buen humor hoy! —comentó Elena mientras peinaba mis rizos con destreza.
—Sí, mi lady —añadió Diana—, hasta canturreaba mientras dormía. ¿Acaso tiene buenas noticias?
—Podría ser —respondí con picardía, haciendo que ambas se rieran con complicidad.
No pude resistirme. Les indiqué que se sentaran y les mostré la c