La llegada a la mansión de mi tía estuvo marcada por una tensión que se palpaba en el aire. La encontré esperándome en la entrada principal, su rostro era una máscara de severidad, y sus dedos golpeteaban impacientes contra su brazo cruzado. La luz de las lámparas parpadeaba, proyectando sombras que parecían danzar en las paredes, añadiendo un matiz siniestro al recibimiento
—No piensas hablar — me dijo .
— Ya llegué — dijo con un nudo en la voz , me sentí como una adolescente que se escapaba p