Como ya lo sabía, mi tía al regresar se alegró mucho por la buena noticia, pero me castigó sin salir de mi habitación por dos semanas.
Me parecía irónico. Había podido derrotar a un príncipe y a una reina, había cabalgado como una loca hasta el muelle y había recuperado a mi amor... y ahora estaba derrotada por mi propia tía. Una mujer con una vara de medir y una determinación de hierro.
Había pasado un solo día y ya sentía que las paredes se me venían encima. Estaba totalmente aislada. Apenas