De pronto, lo vi sacudir la cabeza con un gesto brusco, casi de dolor, y soltar mi brazo como si le hubiera quemado. La conexión se rompió, dejándome fría y desorientada en el espacio que antes ocupaba su calor. El vacío que dejó su mano en mi piel era más frío que cualquier gota de lluvia que hubiera caído sobre mí.
—Voy a registrar a ver si hay algo decente para taparte —dijo, volviéndose de espaldas con una rigidez que delataba la batalla interna. Sus hombros, tan poderosos momentos antes, a