Llegué a mi habitación con una rara sensión que me carcomía por dentro. ¿Acaso me dolía la indiferencia de Harry? ¿Acaso ya dejé de verlo como un amigo? Esa última mirada suya, llena de ironía y distante cortesía, me había dejado un vacío frío en el pecho. Era como si la cabaña y la tormenta hubieran sido un sueño del que solo yo recordaba.
En mis manos llevaba todavía al pequeño cachorro. Lo sentí chillar suavemente y vi su carita de miedo, los ojos azulados brillando con confusión. Lo alcé y