Envidia.

Soltó un bufido cuando oyó el inconfundible sonido de los dedos presionando las teclas, seguramente su hermanito estaba haciendo de las suyas, otra vez. Sin embargo, a veces realmente pensaba que debería hacer algo con Sariel porque, bueno, Sariel era un caso bastante peculiar. Pese a ello, hizo caso omiso y se centró en lo que verdaderamente le importaba y eso estaba justo frente a sus ojos.

—En serio, creo que deberías dejar al idiota de mi hermano —imperó—. No sé qué es lo que viste en él. Ni siquiera es guapo.

Había algo dentro de sí que emergía, crecía y florecía, algo mucho más oscuro que sus poderes y eso comenzó a ocurrir cada con más frecuencia y todo se debía a su querido hermano mayor y a la pareja de este.

—Cállate —regañó el chico.

—Estoy seguro de que Zamiel no te da lo que realmente necesitas —El chico lo miró con cara de póker—. Soy más fuerte, veloz, ágil y ni hablar de mi belleza.

—Estás muy mal de la cabeza, Zeth. Por tu bien, espero que Zamiel no se entere de esto
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