Envidia.
Soltó un bufido cuando oyó el inconfundible sonido de los dedos presionando las teclas, seguramente su hermanito estaba haciendo de las suyas, otra vez. Sin embargo, a veces realmente pensaba que debería hacer algo con Sariel porque, bueno, Sariel era un caso bastante peculiar. Pese a ello, hizo caso omiso y se centró en lo que verdaderamente le importaba y eso estaba justo frente a sus ojos.
—En serio, creo que deberías dejar al idiota de mi hermano —imperó—. No sé qué es lo que viste en él. N