POV Dalia
Li Lin deslizó la puerta con sus delicadas y níveas manos antes de entrar, haciendo una reverencia. Su túnica sencilla, de seda, delgada, casi brillaba como si sus hebras fueran los tejidos de una luciérnaga. Y a eso se asemejaba; una luciérnaga planeando entre los aposentos del Palacio de los Siete Pétalos, quizá perdida, o tal vez dueña.
—Perdón por la irrupción —se disculpó la concubina.
Su primoroso maquillaje resaltaba la carnal sensualidad de sus labios carnosos, teñidos de rojo