POV Dalia
—Ya puedes salir —dije, cuando los gráciles pasos de Li Lin se desvanecieron junto con un razonable tiempo de gracia. Existía la no lejana posibilidad de que estuviera cerca, husmeando.
Urcay salió de detrás del biombo que habíamos removido de su lugar original para ocultarlo. Se acercó a la puerta corrediza e inspeccionó el pasillo a hurtadillas.
—Se ha ido —dijo.
—¿Me matarás ahora que conozco tus sucios secretos?
El doctor no me miró. En cambio, se acomodó la vestimenta. Se notaba