58. Mi deseo
Leonardo
El peso ligero de sus dedos explorando mi pecho casi me hacía perder el control. Pero necesitaba mantenerme quieto, dejar que descubriera su propio ritmo, sus propios deseos.
"No sé qué hacer," confesó, su voz temblando levemente. "No podía..." sujeté su mano y la llevé a mis labios, mirándola.
"Haz lo que quieras," murmuré, resistiendo la voluntad que seguía creciendo. "Explora. Descubre. Siente."
La luz suave del velador creaba sombras doradas en su piel; sus cabellos rojos caían com