33. Despertar
Leonardo
Pequeños dedos curiosos exploraban mi rostro y abdomen, arrancándome del sueño profundo. Abrí los ojos lentamente, encontrando dos pares de ojos brillantes estudiándome con interés infantil.
"¡Hola, tío Léo!" susurró Bella, o al menos lo intentó; su vocecita animada resonó en el cuarto silencioso.
"¿Dormiste aquí?" cuestionó Louis, sus deditos aún pinchando mi mejilla con fascinación.
Parpadeé varias veces, ajustando mi visión a la luz débil de la mañana que se filtraba por la ventana