34. Cambio
Amber
Me levanté de la cama, intentando ignorar el mareo que hizo girar el cuarto. Me sujeté a la cabecera, esperando que la sensación pasara, pero Leonardo ya estaba a mi lado, sus manos grandes sosteniendo mi rostro.
"Eh, ¿estás bien? ¿Qué sientes?" su voz cargaba una preocupación que me desconcertó.
"Nada grave," intenté esquivar. "Solo un mareo. Noche mal dormida, ya sabes..."
"Déjame ver tu mano," ignoró mi excusa, sosteniendo mi muñeca delicadamente. "Está más hinchada que ayer. Llamaré a