250. Ataque
Magnus
La mansión estaba sumida en un silencio absoluto. La noche había sido tranquila, llena de conversaciones ligeras y risas en la sala de estar. Eleonora y Tomaso se despidieron temprano, llevando a los gemelos a sus habitaciones después de una velada animada. Amber y Leonardo parecían relajados, disfrutando de la paz poco común que habían conquistado tras tantos meses de turbulencias. Todo parecía perfecto.
Yo estaba en la habitación, recostado junto a Gabriela. El sonido de su respiración