201. Otra vez
Amber
Tenía los dedos entrelazados en la tela de la blusa mientras caminábamos por el pasillo de la clínica. El ambiente estaba impregnado de un aroma sutil a alcohol y lavanda, ese olor tan propio de los lugares estériles, limpios, pero no fríos.
Aun así, el corazón me latía con fuerza en el pecho.
No era miedo.
Era… expectación.
La última vez que estuve en un consultorio como ese, estaba sola.
Peter me acompañó, sí. Pero nunca estuvo de verdad conmigo. Hizo las preguntas de rigor, sonrió cuan