199. El plan
Leonardo
El silencio en la sala era denso, casi sofocante. El sonido rítmico de mis pasos resonaba sobre el suelo de madera, rompiendo la quietud irritante del ambiente. Cada vuelta que daba por el espacio parecía alimentar aún más mi frustración. La tensión en el aire era pesada, acumulándose con cada segundo que pasaba sin una solución concreta. Estaba al límite.
Magnus estaba sentado en el sillón de cuero frente al escritorio, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas.