198. Secretos no contados
Gabriela
Tenía las manos frías. El peso del picaporte bajo mis dedos parecía mayor de lo normal, como si abrir la puerta exigiera una fuerza que no tenía. Cuando por fin giré la llave y dejé que la entrada se abriera lentamente, mi corazón ya latía desbocado.
Y ahí estaba él.
Magnus me observaba con una mirada intensa, como si intentara descifrarme. Sus ojos recorrieron mi rostro, mi expresión, mis manos que temblaban levemente a los costados del cuerpo.
"¿Puedo pasar?" Su voz era baja, pero fi