198. Secretos no contados
Gabriela
Tenía las manos frías. El peso del picaporte bajo mis dedos parecía mayor de lo normal, como si abrir la puerta exigiera una fuerza que no tenía. Cuando por fin giré la llave y dejé que la entrada se abriera lentamente, mi corazón ya latía desbocado.
Y ahí estaba él.
Magnus me observaba con una mirada intensa, como si intentara descifrarme. Sus ojos recorrieron mi rostro, mi expresión, mis manos que temblaban levemente a los costados del cuerpo.
"¿Puedo pasar?" Su voz era baja, pero firme.
Asentí, sin confiar en mi propia voz para responder.
No dudó. Cruzó el umbral y cerró la puerta detrás de sí, como si ya supiera que no se iría pronto.
El silencio entre nosotros se prolongó, denso y cargado de tensión. No lograba mirarlo de frente. El peso de su presencia era reconfortante y asfixiante al mismo tiempo.
"¿Por qué no atendiste mis llamadas?"
Mi respiración se cortó.
"Yo…" Mi voz falló antes incluso de que pudiera inventar una excusa creíble.
¿Qué podía decir? ¿Que la mañana