172. Pasión
Magnus
Subimos juntos en el ascensor, uno al lado del otro, y me esforzaba por ignorar el latido persistente en mis labios, un recuerdo vivo del beso que aún ardía en mi memoria. La tensión entre nosotros crecía con cada piso, como si el silencio en aquel espacio reducido amplificara todo lo que no se decía.
Al llegar a su apartamento, una oleada de familiaridad me golpeó de inmediato. Era el antiguo piso de Amber, un lugar que yo mismo había ayudado a preparar para Gabriela. Sin embargo, al entrar, noté que todo había cambiado. Cada detalle reflejaba ahora su personalidad, haciendo del lugar algo completamente único y mucho más acogedor. Plantas decoraban los rincones y las paredes estaban adornadas con cuadros minimalistas, muy lejos del estilo funcional y casi impersonal que caracterizaba a Amber.
“Lo cambiaste todo”, comenté, dejando que mi mirada recorriera el ambiente. “Está precioso. Va contigo.”
Ella cerró la puerta detrás de nosotros y dejó las llaves en un pequeño cuenco sob