157. El despacho de Leonardo
Amber
Después de la sesión con Gabriela, algo dentro de mí se agitó. Mi mente parecía ir a toda velocidad, conectando puntos y desenterrando recuerdos que habían permanecido enterrados demasiado tiempo. En lugar de volver a casa, donde seguramente Leonardo estaba con los niños, decidí ir a la MGroup. No sabía exactamente qué esperaba encontrar, pero necesitaba respuestas.
Llegué al edificio ya entrada la noche. El lugar estaba en silencio, interrumpido solo por los guardias que hacían sus rondas. Les devolví un saludo breve y entré en el ascensor. La sensación de estar allí de nuevo, sin Leonardo, era extraña y, al mismo tiempo, liberadora. Como si ese instante me perteneciera solo a mí.
El despacho de Leonardo estaba exactamente como lo recordaba: ordenado, imponente, con ese aroma sutil que siempre lo acompañaba. Cerré la puerta tras de mí y fui directo a su ordenador. El corazón me latía con fuerza mientras encendía la pantalla y me sentaba en su silla. No sabía si aún recordaba to