Mientras tanto, en la mansión Messina, Adriano y Gianina se encontraba en la sala de estar. Adriano había estado callado durante gran parte de la tarde, y Gianina lo notaba distante, preocupado. Intrigada y también preocupada por él, se acercó y se sentó a su lado en el sofá.
—Adriano, no puedes seguir así. Llevas días sin dormir… —comenzó a decir Gianina.
Sin embargo, Adriano la interrumpió.
—No puedo, Gianni. He descubierto tantas cosas en estos días… —Soltó un suspiro cansado. Su voz sonaba