Adriano pisó el acelerador con más fuerza, llevándolos más rápido hacia su destino. Los edificios industriales a su alrededor se alzaban como gigantes de metal y concreto, grises y vacíos, proyectando sombras alargadas bajo la tenue luz de las farolas. El ambiente era sombrío, pesado, como si la misma ciudad estuviera confabulando en su contra.
—¿Qué pasa si llegamos tarde? —preguntó Gianina, incapaz de contener la pregunta que le desgarraba el corazón.
Ramiro no respondió de inmediato. Sus ojos