Esa noche, mientras Gianina se preparaba para irse a la cama, Johana llamó a la puerta de su habitación.
—Adelante —dijo Gianina, consciente de que se trataba de su amiga y ama de llaves.
Sin embargo, al verla, su ceño se frunció, al notar que llevaba una expresión poco propia en ella.
—¿Todo bien, Johana? —preguntó, intentando sonar tranquila.
—No exactamente —respondió la mujer con la voz tensa—. Acabo de ver algo en las redes sociales que creo que deberías saber.
Al escuchar esto, Gianina si