La mansión Lazzari reflejaba a su dueño a la perfección: imponente, ostentosa, y con un aire de amenaza deliberada que buscaba intimidar a cualquiera que cruzara su umbral. Era una estructura que hablaba de poder absoluto, de control férreo y de un hombre que no conocía límites cuando se trataba de conseguir lo que quería.
Adriano subía las escalinatas de mármol con el estómago revuelto, consciente del eco de sus pasos. El intenso dolor de cabeza, que no le había dado tregua en todo el día, pal