Bailábamos, todo el ambiente se había encendido y el salón estaba lleno de parejas que saltaban alegremente al ritmo de la música.
Yo no podía dejar de observar a Anabel, estudiando cada expresión, cada movimiento, buscando algún significado. Quería descubrir algún indicio, una pequeña pista, de que todo lo que le dijo en la mesa a mis padres, era cierto.
Y al mismo tiempo, no podía llevarla a un sitio a solas, para enfrentarla y preguntárselo cara a cara, porque tenía miedo. Ya lo había dicho