Luego de salir de todo ese tumulto, llevé a Bel hacia la mesa de mis padres, dónde nuestros asientos nos esperaban.
— ¡Anabel! Querida, estás preciosa. — Se levantó mi madre de su asiento y le estampó un beso en la mejilla.
— Gracias. — Contesto Bel, algo sonrojada. Las dos tomaron asiento, yo tomé mi puesto junto a Bel.
— Linda, desde hacía rato quería disculparme contigo, hemos sido unos terribles anfitriones con nuestra nuera. — Mi madre le hablaba de cerca, al tiempo que pasaba su mano por