Tenía algún tiempo sin ver a la señorita Evangeline, incluso de no ser por sus sueños alocados, podría decir que había olvidado su rostro y sus maneras… pero nada estaba más alejado de la realidad que esa afirmación, dado que recordaba su sonrisa, el tono de su voz, la manera en la que frunce el ceño cuando está enojada, el aroma a lavanda que no abandona sus cabellos, sencillamente todo. Se encontraba al otro lado de la estancia y aun así creía poder escuchar su voz y las palabras que le estar