‒ ¿Y entonces? Ese fue un agarre demasiado íntimo para personas que no pertenecen a la misma familia ‒ señaló Amelia.
‒ ¿Desde cuando eres tan mojigata con el decoro, Amelia? Suenas como yo ‒ se echaron a reír y se miraron con ternura cuando las risas se calmaron.
‒ Bueno, al parecer durante este tiempo yo he aprendido de ti y tú de mí, Eva.
‒ Sí, es así. Y pues, el conde solamente me dijo que tiene algo que hablar conmigo, sin dar ningún detalle en particular, que por favor le diera un momento