24 de Junio de 1811, Londres.
‒ ¡Feliz cumpleaños, James! ‒ gritó la pequeña Josephine desde la otra punta de la mesa ‒ Hoy vamos a comer muchos dulces ‒ sonrió con dulzura.
‒ A ti lo único que te importa son los dulces ‒ añadió Nathaniel lanzándole un guisante con la mano.
Su hermanito creyó que nadie lo estaba viendo pero James podía observarlo perfectamente desde donde estaba, ahora entendía por qué ese era el mejor asiento de la mesa y la razón por la cual Benedict lo sabía todo, desde allí