Entre en el cuarto de baño, dolida y con mi corazon echo trozitos, nunca me hubiera esperado una reacción como la que acababa de tener mi esposo conmigo. Dentro de la ducha, arrastre mi espalda por los azulejos hasta quedar sentada en el suelo, llorando como una niña pequeña, no podía
creerme lo que había sucedido hace un momento, puse mis manos en mi vientre, notando como se movian mis bebes, siendo lo único que me daba aliento para seguir adelante.
Después de ducharme, me arreglé y me vestí