Un mes después, pude coger a mis hijos en mis brazos, sintiéndome la madre más feliz del mundo hasta que un día vino Mario a casa muy enfadado, viendo como le estaba dando de mamar a sus hijos en nuestro dormitorio. Llamó a la niñera para que se llevara a mis hijos, sentándose él a mi lado cogiendo mi mano.
—- ¿Sucede algo Mario? — pregunté asustada.
—- Sofía ha despertado y quiere ver a sus hijos, tus padres están con ella, debo llevarlos — me dijo.
—- ¿Que pasara ahora ¿me lo quitaras? — preg