Dos días después, Mario llegó muy enfadado a casa, tiró la chaqueta de su traje al suelo y se sentó en el sofá mirandome muy serio. Me senté a su lado acariciando su brazo y su rejilla con mis dedos.
—- ¿Qué te ha pasado hoy en la oficina? vienes muy enfadado mi amor — le dije.
—- Ese cabron de Aaron, ha venido a mi despacho amenazando, porque ya le han llegado los documentos del divorcio, me ha acusado de obligarte a estar conmigo y encima me ha amenazado de muerte, hijo de puta —- me dijo
—-