Capítulo siete: El chantaje.
De repente unos gritos y un silbato se empezaron a escuchar,
—¡Hey!, ¿qué pasa ahí?
(silbatazos)
—No deben estar afuera a esta hora, ya sonó el toque de queda.
(silbatazos)
Mientras la persona de uniforme se acercaba, Renata y los otros dos se fueron,
— Te salvó la campana— fue lo que me dijo antes de irse.
—Fernanda, ¿estás bien? — fue lo último que escuché antes de caer desplomada al piso.
Cuando recobré mis sentidos, me encontraba en la enfermería; giré suavemente la cabeza