Capítulo ocho: El salva vida.
Ya habían pasado dos horas y no habíamos avanzado más de dos hojas,
— Vamos Dilan presta atención no es tan difícil.
— Uff, esto es muy aburrido; porque mejor no vamos a tomar algo por ahí— cerro su libro sin mucho afán,
— No, de aquí no te vas hasta que no entiendas lo que vengo explicándote hace dos horas.
— ¡Ja!, te crees muy sabionda— chisto Jesua tirando el cuaderno por encima de mi cabeza,
— Vasta, quietos; no tiren los libros— les pedí comenzando a impacientarme,
— ¿Acaso l