Capítulo noventa y ocho: ¡Soy tuya!
—Ay que ver que falsos son estos enanos —se quejó Athos llegando hasta ellos, al caos sobre el césped —. He dejado de ser el tío favorito. Mañana los dejaré en la escuela hasta que se haga de noche.
—Ni tío, no —los niños soltaron a los padre enseguida —. Te queremos, te queremos mucho. Pedo no nos vayas a dejar po favooooo.
No se entendía cual de los dos hablaba porque era como una melodía exacta. Se colgaron de las piernas de Athos y los tres adultos rompie