Capítulo cuarenta y uno. Es mi culpa
Habían pasado cinco días, cinco días en los que Lily no había podido pegar ojo y cinco días en los que Athos seguía todavía en coma. Por más que los médicos le explicaban a la familia que todo iba a estar bien y que el griego parecía estar en un simple sueño reparador, para Lily era demasiado deprimente verlo de esa manera, demasiado solitario sentir su piel fría y demasiado desgarrador no poder ver sus ojos maravillosos.
Se había pasado los días al lado d