Capítulo cuarenta y uno. El bautizo de Andrés.
Diane se sintió presa del pánico y a punto estuvo de desmayarse.
—Ya mantendré mis manos quietas, Ana Lucía — pronunció Tyler sosteniendo a su cenicienta prometida —, pero deja de asustar a tu hija, que no queremos una madrina inconsciente.
—Desmayada estoy yo, puesto que llevo media hora buscándolos a ustedes dos, par de descarados — protestó la mujer al mismo tiempo que Diane sintió el aire regresar a sus pulmones. Había sido una falsa alarma o