33.No puedo ser el marido de nadie.
Capítulo treinta y tres. No puedo ser el marido de nadie.
—¿Qué te pasa? — le preguntó Gael a su esposa —. Te has puesto muy pálida.
Olivia trató de sonreír.
—Estoy bien. Un poco nerviosa.
¿Nerviosa?
Aterrorizada más bien.
Gael la abrazó, inclinando la cabeza para darle un beso.
—No lo estés. Después de enseñarles la parcela iremos a cenar y poco después volverán a casa.
— A California — murmuró ella, pensando que en unas semanas también Gael volvería a Sunset Beach, con su fami