Cuando vio el identificador de llamadas, se quedó helada… y después suspiró con alivio.
—Es Julia. ¡Mira! —le mostró la pantalla a Alexander.
Su rostro permaneció imperturbable, inescrutable. Sus labios delgados no se movieron ni un milímetro.
—Voy a contestar… —susurró Maya.
Obedeciendo sin protestar, atendió la llamada frente a él y activó el altavoz. Alexander le había dado una orden directa, y ella no se atrevía a desobedecer. Además… él quería pruebas, ¿no? Quería oír cada palabra.
—¿Julia